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22 de marzo:

Nueva victoria de los pueblos sobre la prepotencia correísta

30.000 hombres y mujeres dirigentes y militantes de las organizaciones sociales convocantes a la Marcha por la Vida, el Agua y la Dignidad de los Pueblos, de las organizaciones políticas de izquierda, de otras organizaciones sociales solidarias con esta acción, numerosas delegaciones de todas las provincias del país; y, habitantes de Quito, fuimos protagonistas de una victoriosa culminación de esta importante jornada.

La planificación del gobierno dirigida a impedir, minimizar y deslegitimar esta acción fracasó nuevamente, al igual que ocurrió el 8 de marzo, con la jornada de movilización en Quito y el resto del país, y el inicio de la marcha plurinacional.

Se ensayó una táctica intimidatoria, con amenazas a los transportistas que se presten para la movilización entre cantón y cantón de los marchistas, a los que incluso se les negó el salvoconducto. Se pretendió realizar contramarchas, convocando supuestamente a los sectores populares “simpatizantes del gobierno” al paso de la movilización en las capitales de las diferentes provincias. La casi nula respuesta de las masas populares a dichas convocatorias llevó a que el gobierno se obligara a desechar esas fracasadas acciones a los pocos días de iniciada la marcha.

Se empujó una intensa campaña publicitaria orientada a desfigurar los objetivos de la marcha, acusándola de desestabilizadora, golpista y electorera, con lo cual se pretendió distanciarla del potencial respaldo popular; y, finalmente, tanto el 8 como el 22 el gobierno, utilizando todo el aparataje del Estado, se convocó las contra marchas en respaldo al gobierno, las mismas que contaron con todas las facilidades logísticas, legales y materiales, para “asegurar” la demostración de que ellos son “mayoría”.

Todos esos esfuerzos fracasaron de principio a fin. En primer lugar, la acción y propaganda gubernamental no logró impedir un creciente respaldo y adhesión popular a la marcha que, conforme fue avanzando, se fue multiplicando. Comenzaron 300 el 8 de marzo y culminaron 30.000 en Quito, el 22 de marzo.

En segundo lugar, el gobierno no logró desvirtuar la justeza de las demandas plateadas por la marcha, dado que sus propios esfuerzos por justificar la firma de los contratos de concesión minera a gran escala y a cielo abierto pusieron en evidencia las flagrantes violaciones a la constitución.

En tercer lugar, las medidas y amenazas represivas del régimen, que se concretaron con el apresamiento de 10 profesionales y estudiantes en Quito el 3 de marzo, acusados supuestamente de subversivos y de preparar actos “terroristas” para dicha marcha, sin que hasta el momento hayan presentado una sola prueba de dichas inculpaciones, a más de materiales de literatura revolucionaria; los insistentes mensajes del ministro del interior y del Intendente de Policía de Pichincha, respecto de la inexistencia de permisos para la marcha, el acoso de la fuerza pública y la infiltración de agentes en la propia marcha, no consiguieron amedrentar ni afectar el ánimo y la disposición de los marchantes y de las organizaciones sociales que la respaldamos.

Finalmente, nuevamente el 22 de marzo, al igual que lo que ocurrió el 8, según todas la informaciones de observadores independientes, los contingentes de la marcha por la vida fueron superiores a las conseguidas por el gobierno, a costa de engaños, sobornos y chantajes.

Los elementos anotados ratifican que, en efecto, la Marcha por la Vida, el Agua y la Dignidad, constituye una nueva y gran victoria de los pueblos del Ecuador, una victoria de los pueblos indios y afro descendientes, de los campesinos, de los trabajadores, de los estudiantes, los ambientalistas y demás organizaciones populares, comprometidas y participantes en esta acción.

Es una victoria de la unidad de las organizaciones sociales y de las fuerzas de izquierda integradas en la coordinadora plurinacional.

Constituye un nuevo momento de la lucha social y popular, en el cual, la amenaza y la represión no tiene los mismos efectos intimidatorios de otros momentos.

Esta victoria, representa un nuevo impulso para las luchas venideras de los trabajadores.

Artículo de Decio Machado

Artículo de Guido Proaño